Colarse, mentir piadosamente, copiarse en un examen, guardarse las vueltas del mandado, falsificar la firma del papá en una tarea del colegio, comerse un signo de “pare” manejando, comprar a un policía de tránsito para evitar una multa… Todas estas acciones, pavorosamente cotidianas, tienen algo en común: forman parte de un camino que se va recorriendo de una manera, en